23 Octubre 2011

Las no-víctimas de ETA

Parece que se acabó el horror. El anuncio del abandono de las armas por parte de ETA hizo saltar, literalmente, las lágrimas a muchos españoles. Muchos, como yo, no hemos conocido una España libre del terror. A lo sumo, treguas abocadas al fracaso, una y otra vez. Y víctimas. Todos conocemos a alguna. Yo también. Y no creo que olviden fácilmente.

Otros, más afortunados, sí habían olvidado, porque la fortuna quiso, nadie sabe por qué, bendecirlos en su momento. El pasado día 20, sin embargo, los recuerdos volvieron, entrometidos como siempre, virulentos como nunca.

-Paco

El 6 de noviembre de 2001, Paco estaba en su pueblo natal, muy lejos de Madrid. Le gustaba coger las vacaciones en fechas poco ortodoxas, para disfrutar de su tierra en estado puro, sin la invasión de veraneantes de las fechas estivales. Todavía le gusta hacerlo así. Ahora, cada vez que vuelve, da gracias al cielo cuando recuerda el momento en que encendió el televisor mientras comía y vio su propia mesa de trabajo en una sucursal bancaria de Corazón de María cubierta por los escombros. Aguzó el oído. Varios compañeros estaban heridos. Él podría estar muerto. Pero, pocas semanas después, pudo celebrar su 50 cumpleaños.

-María

Casi un año antes, el 30 de octubre de 2000, su exmujer, María, atendía al profesor del curso de formación continua al que la habían enviado aquella semana. A pesar de que a ella no le pillaba demasiado lejos de casa, aún estaba un poco descolocada por haber tenido que cambiar su ruta habitual al trabajo. No lograba calcular bien el tiempo necesario para llegar. En un momento determinado, oyó una explosión. Cerca, muy cerca. Cuando bajó a la calle con sus compañeros, no podía creer lo que estaba viendo. Más tarde, cuando vio en las noticias los pormenores que no había logrado percibir tras el cordón policial, descubrió que el coche rojo que había explotado era el mismo con el que se había rozado al tratar de rebasarlo para cruzar la calle… una hora antes de la explosión.

-Pedro

El padre de María comprendió al segundo la angustia de su hija cuando esta le llamó para contarle lo del atentado. Ella también sabía que lo comprendería. Recordaba casi tan bien como él el momento en que la banda colocó una bomba a las 8.05 de la mañana junto al quiosco en el que él compraba, día sí día no, el periódico, a esa misma hora exacta, cuando salía del turno de noche.  Al día siguiente, tuvo que buscar la información sobre el atentado en otra parte. La fortuna, la misma que años después socorrería también a su hija y a su exyerno, le permitió llegar a la jubilación.

*Así lo siguen recordando, ellos y el resto de la familia, después del anuncio del fin de la pesadilla. Otros no tuvieron tanta suerte.

31 Agosto 2011

Los caminos oblicuos de la utopía

Después de leer, hace algunos meses, El príncipe de Maquiavelo, necesitaba creer que otro mundo distinto que el que allí se describe era posible. Así que después de ‘descansar’ con otros libros menos espesos agarré la Utopía de Tomás Moro. Y allí me topé  con un diálogo muy a propósito de los tiempos que corren en la política española. Dice así:

— [...] Aunque os veáis impotentes para desterrar las perversas opiniones y corregir las faltas habituales, no por ello debéis desentenderos del Estado   y abandonar la nave en medio de la tempestad porque os es imposible dominar los vientos. Y tampoco mantener una doctrina extraña ante personas que opinen distintamente y a la que es casi imposible convencer; es preciso que sigáis un camino oblicuo y que procuréis solucionar las cosas con vuestras propias fuerzas. Si no lográis realizar todo el bien, intentad por lo menos disminuir el mal, pues no es posible que todas las cosas vayan perfectamente, a no ser que  los hombres sean todos buenos, lo que no espero que suceda hasta dentro de mucho tiempo.

—De este modo —replicó Rafael— solo puede suceder que al consagrarme a cuidar la locura de los demás enloquezca como ellos.

A lo mejor, Moro tenía razón y la solución a tanto despropósito está en la ciudad mítica de Utopía.

Por desgracia, cualquier parecido de ese entorno soñado con la realidad es pura coincidencia.

18 Agosto 2011

Por sus caras los conoceréis

Juego de agudeza visual: en una calle cualquiera del centro, intente distinguir a los madrileños de los peregrinos.

Lo más fácil es empezar por eliminar a los de la mochila de colorines. Una vez hecha esta tarea, el juego se convierte en algo muy parecido al ‘¿Dónde está Wally?’. Los comerciantes no cuentan. Los equipos de emergencias, tampoco. Y quitemos, por último, a los turistas que han elegido estas fechas para venir a Madrid sin tener en cuenta que también venía el papa y todavía están buscando la fuente de Cibeles.

Antes de ir a sus propias casas a buscarles, haga un último intento. No se rinda. Entre en el metro, el autobús o el cercanías y esquive los banderazos. Tápese los oídos para no oír los cánticos y concentrarse mejor. Quizá, en el último rincón del vagón o habitáculo, pueda distinguir a algunas personas con los brazos cruzados, o bien avisando por el móvil de que llegan tarde, o bien gruñendo por lo bajini mientras observan con resentimiento el entusiasmo de los visitantes y sueñan con destinos vacacionales lo más lejanos posible.

A medida que pasan las horas y los días, los madrileños se van volviendo más y más reconocibles por sus gestos de enfado, hastío o resignación. Pese a todo, y antes de hacer juicios precipitados, conviene reparar en un verdadero milagro: pese a que, literalmente, han arrebatado el centro a sus anfitriones, los peregrinos siguen sintiéndose bienvenidos.

Los incidentes de la manifestación laica no empañan ese logro. Las provocaciones fueron recíprocas y, sobre todo, puntuales. A los peregrinos hay que reconocerles un civismo generalizado, solo roto por algún incidente aislado. Y a los madrileños, su paciencia y su legendaria hospitalidad, aderezada, en este caso, con buenas dosis de estoicismo. No se les puede pedir más.

2 Junio 2011

Eclipse de Sol

La acampada de Sol toca a su fin. Nadie sabe cuándo, pero todo el mundo espera que, en cualquier momento, los indignados levanten el chiringuito y se vayan con la música del 15-M a otra parte. Y, a ser posible, sin ruido y sin violencia: Madrid no quiere presenciar otro espectáculo como el que se vivió en Barcelona hace varios días.

Ahora, la llama que prendió en Sol se extiende, con lentitud asamblearia, a barrios y distritos. El bastión del ‘kilómetro cero’ quedará como símbolo de un movimiento que ha venido para quedarse, pero aún no sabe cómo va a subsistir. Por ahora, una vez extinguido el polvorín de indignación ciudadana de los primeros días, parece que el 15-M ha removido más los cimientos de los comerciantes del centro que los del orden político. Los principales aludidos se han limitado a mirar de reojo a los acampados mientras desarrollaban la campaña más gris que se ha visto en muchos años y, una vez pasadas las elecciones, se han quedado esperando tranquilamente a que los acampados se cansen. Los de los barrios, piensan, también se cansarán.

Tienen razón los indignados: los políticos no han entendido el mensaje. Piensan que este Sol repentino es una estrella fugaz. Y, si los ciudadanos que salieron a la calle y ardieron con la multitud en deseos de cambiar las cosas no son capaces de mantener viva la llama, este Sol, simplemente, se apagará cuando la última lona azul haya sido levantada.

Si es así, tal y como predijimos hace unos días, todo este esfuerzo no habrá servido para nada… con lo que cuesta encender una estrella, todo un Sol, en los tiempos que corren. Harían mal los ‘indignados’ en dejar que se redujera a cenizas. Dicen que un eclipse de Sol es uno de los fenómenos más raros y más espectaculares que puede ofrecer la naturaleza. Casi tanto como el nacimiento de una estrella nueva. A falta de otra… ¿qué tal un mar de cerillas?

20 Mayo 2011

Ensayo de lucidez

En medio de la vorágine informativa en la que nos tienen sumidos los acampados de Sol, me ha venido a la cabeza el ‘Ensayo sobre la lucidez’ que escribió, no hace tanto, un lucidísimo José Saramago. Si lo han leído, recordarán el argumento de base: en unas elecciones, una abrumadora mayoría de ciudadanos decide votar en blanco. Los gobernantes, asustados, deciden convocar nuevos comicios, pero el porcentaje de quienes deciden esa opción de voto no hace más que crecer. Así, los ciudadanos lanzan a los políticos un mensaje tan claro como aterrador: no les representan. Y por eso se niegan a legitimarlos.

Invito a quienes me leen en estos momentos a leer la obra para saber lo que ocurre a partir de ahí. Pero ese no es el propósito de esta columna. El libro del nobel portugués es solo una excusa más para reflexionar sobre el movimiento Toma la plaza. Claro que los manifestantes no piden el voto en blanco; lo que piden es que los ciudadanos indignados lancen ese mensaje, de la forma que crean más conveniente, a los gobernantes. Y qué duda cabe que unas elecciones autonómicasy municipales son una oportunidad de oro para hacerlo.

Ignoro si las acampadas en Sol, las miles de personas en la calle y los mensajes de protesta se materializarán en blanco en las urnas. Tampoco sé si los que ahora ocupan la calle se quedarán después de las elecciones y buscarán, o no, nuevas fórmulas para decirles a nuestros políticos que ya basta.

Pero, en el fondo, eso es lo de menos. Lo importante es que por fin se ha hecho visible lo que todo el mundo sabía: que una parte importante de la sociedad está descontenta. Por el paro. Por el caso omiso que los políticos hacen de sus peticiones. Porque no se siente representada. Porque cada decisión tomada en las ‘altas esferas’ se aleja más de los problemas reales, cuando no los agrava. Y porque la democracia de la Transición estaba muy bien hace treinta años, pero ahora, quizá, dicen los indignados, harían falta unos pequeños (o grandes) ajustes. No se trata de ir contra la democracia; no. Se trata de actualizarla, de adaptarse a los nuevos tiempos, de buscar, o al menos considerar, nuevas fórmulas que acaben con el descontento generalizado.

Bien, ¿y qué significa esto en concreto? Este jueves empezaban a cristalizar algunas ideas, como reformar la Ley Electoral con listas abiertas, circunscripción única y escaños proporcionales al número de votos. De eso se trata: de aportar ideas para avanzar, reflexionar y, si calan en la sociedad, llevarlas a cabo.

Por fortuna, esto no es el universo imaginario de Saramago. De momento, las plazas de toda España están siendo testigos de un ensayo de lucidez cuya verdadera representación será lo que venga después. Pero la función final necesita la participación de todo el elenco de actores. Si los aludidos, los actores sociales, se quedan como espectadores en el patio de butacas, la epopeya de Sol no habrá servido para nada.

20 Abril 2011

Campanas callan…

… y coches,

todo está quieto en Madrid;

que solo hoy que muere Cristo

se puede en Madrid vivir.

Juan de Iriarte (1771)

240 años después, no hay nada nuevo bajo el sol. Feliz semana santa (también a los que se quedan).

13 Abril 2011

A dormir al albergue

Por si los indigentes no tuvieran bastante con haber dado con sus huesos en la calle, ya ni eso les va a quedar. Al menos, ese es el horizonte que les espera si el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, consigue sacar adelante su idea de obligarlos por ley a ir a un albergue, siempre que haya plazas disponibles.

La idea llega, además, en un acto ’sectorial’ de precampaña, adonde el primer edil había acudido a hablar… de seguridad. Así, se trataría, en realidad, de pergeñar una norma que de paso sirva a un propósito tan altruista como obligar a las personas sin hogar a acudir, quieran o no quieran, a los albergues. No les quedaría otra, ya que, a partir de ese momento, dormir en la calle sería considerado falta o delito, según el criterio del legislador… igual que otros “usos del espacio público”, como el botellón. E, incluso, según este criterio, esta conducta “incívica” podría llevar aparejada una multa.

¿Dónde queda el argumento, esgrimido en reiteradas ocasiones por el Gobierno municipal, de que las personas sin hogar son libres de ir o no a los recursos sociales? ¿A qué se debe este giro? ¿Quizá a que los comerciantes de Gran Vía consideran “desastroso” que haya “pedigüeños que campan a sus anchas por el centro de la ciudad?

Pero, señores, ¿desastroso para quién? Yo también sueño, como el alcalde, con una ciudad cuyas calles estén vacías de indigentes. Pero no porque no se los vea, sino, simplemente, porque eso significaría que no habría ningún madrileño sin hogar. Como, por desgracia, la realidad dista mucho de ser así, quizá el primer edil debería preguntarse si existen motivos para que ellos desdeñen la ayuda de los recursos sociales. O, mejor, ¿por qué no les pregunta directamente a ellos?

6 Abril 2011

Políticos que pasaban por allí

Después de perder el resuello en una maratón de inauguraciones, desde el 29 de marzo asistimos a una calma inusual que nos permitirá a todos —políticos, periodistas y ciudadanos— recuperarlo antes de que empiecen las hostilidades de la campaña. Corren tiempos extraños, que no son ni chicha ni limoná, en los que se puede hablar de listas o programas pero no promocionar la candidatura, ni pedir el voto, ni, por supuesto, practicar el deporte favorito de todo político: inaugurar.

Así que, a falta de cintas que cortar y primeras piedras que poner, y mientras preparan la artillería pesada de cara a la medianoche del 6 de mayo, nuestros gobernantes y sus equipos se las arreglan para sortear la dichosa ley electoral sin verse condenados a la desaparición.

Solo llevamos una semana así y ya hemos asistido a varios alardes de imaginación para conseguirlo. El primero consistió en una visita —así, a secas— de la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, a Aravaca, que incluía varias etapas, entre ellas una zona verde rehabilitada en la última legislatura. El jueves pasado vino el anuncio, por parte del Gobierno regional, de la implantación del abono transportes hasta los 23 años. El viernes, el alcalde de la capital hizo balance, en un acto de partido, de la política municipal de apoyo a la familia, y el lunes disertó sobre el deporte base con un nuevo campo de fútbol, aún sin inaugurar, como telón de fondo. Ya que no hubo tiempo de cortar la cinta, al menos consiguió que saliera en alguna foto.

En el Gobierno regional no parece que se les hayan quedado inauguraciones en el tintero y, como ya no pueden organizarlas, no tienen más remedio que apuntarse a las de los demás. Es el caso de la presidenta, Esperanza Aguirre, y de su consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, que acudieron a una en la clínica Nuestra Señora del Rosario… y, ya metido en harina, él repitió en la clínica Montepríncipe, también privada, como invitado. Eso es afición.

10 Febrero 2011

El aire de la calle

Por segundo día consecutivo, los madrileños han vuelto a ignorar al Ayuntamiento y han utilizado en masa su vehículo privado. El tráfico sigue creciendo, la contaminación también, y la lluvia no está pero se la espera cuanto antes. Más o menos, para el sábado. Mientras tanto, los deportistas siguen corriendo por el Retiro o por el paseo de Recoletos, una de las zonas más afectadas por la polución, como si nada.

¿Se habrán vuelto todos locos? ¿Vivirán los madrileños de espaldas a los esforzados medios que, como nosotros, nos hacemos eco de esas alertas para que velen por su salud? No creo. Más bien parece que los habitantes de esta ciudad están tan acostumbrados a llevar la boina sobre sus cabezas que les da igual ocho que ochenta microgramos de NO2 por metro cúbico. Ellos hacen su vida, y la vida madrileña es lo que tiene.

Así que, si los propios ciudadanos pasan olímpicamente de la contaminación, no esperaremos que los políticos adopten medidas drásticas para limitar el tráfico. A ellos les bastará con recomendar a la población que deje el sacrosanto coche en casa… y si no hace caso, pues que llueva, que llueva.

Estos días me viene a la cabeza otra canción, no menos popular, de los Delinqüentes. Cuando llega el estribillo, respiro hondo y empatizo con el ’sin techo’ del que habla la letra. Y es que el aire de la calle de Madrid huele más que nunca a goma fresca. Yo lo asumo, me lo fumo y, si puedo, me escapo por la cuesta. Porque a esta ciudad, a veces, no hay quien la aguante.

14 Octubre 2010

El Madrid playo

Este jueves el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, nos ha explicado cómo será la famosa playa de Madrid. Arganzuela es el distrito llamado a albergar la prueba fehaciente de que en la Villa y Corte no hay nada imposible si el regidor se lo propone. Por fin los vecinos hemos resuelto el misterio, aunque sea a golpe de datos y recreación virtual. Y confieso que, al menos a mí, el proyecto final me ha sorprendido de verdad.

Supongo que la manía de acudir al diccionario para que me ayude a matizar los desmanes de mi imaginación me ha traicionado esta vez. La playa de Arganzuela no será una “ribera del mar o de un río grande, formada de arenales en superficie casi plana”, como reza la primera definición del término. Tampoco una “porción de mar contigua a esta ribera”, porque hay imposibles más difíciles de conseguir que otros. El concepto se parece más a “espacio plano, ancho y despejado, destinado a usos determinados en los poblados y en las industrias de mucha superficie”, aunque aquí no me parece que el agua juegue un papel fundamental, como sí lo hace en el proyecto municipal.

No. Esperen. Ya lo tengo: el Ayuntamiento ha sustantivado el adjetivo “playo, ya”, utilizado en Argentina, Paraguay y Uruguay. “Dicho de una cosa: Que tiene poco fondo”, aclara el diccionario. Pues sí. Exactamente, tres son los centímetros de profundidad con que contarán las tres ‘partes’ de la famosa ‘playa’ madrileña, que servirá para que los niños jueguen entre chorros y nebulizadores en verano y se olviden así de la imposibilidad de construir castillos de arena en esta ciudad. O para que los madrileños se sientan como Jesucristo caminando sobre las aguas si deciden pasear por los 1.800 metros cuadrados de cada ‘playita’. En cualquier caso, en 2011 los veranos de la Villa ya no volverán a ser lo mismo. No sabemos si habrá playa —dependerá de si los señores académicos deciden introducir en el Diccionario una nueva acepción para el término—, pero al menos podremos decir que Madrid será un poquito más ‘playo’.

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