Tsunami’ silencioso

Ana Botella accedió al sillón de alcaldesa no como cabeza de una lista ganadora en unas elecciones municipales, como le recordaron los portavoces de la oposición, pero sí por el procedimiento legalmente establecido cuando dimite el cabeza de la lista más votada. Ello no desmereció en absoluto el nombramiento de la primera alcaldesa que ha tenido esta ciudad en su historia, ya que los electores que dieron su apoyo al PP sabían que Ana Botella ocupaba el segundo lugar en la papeleta que depositaron en la urna y que la posibilidad de un cambio era más que una conjetura, a pesar de las afirmaciones de Ruiz-Gallardón sobre su supuesta decisión de permanecer en Cibeles.

Todos sabíamos que el traslado de Alberto Ruiz-Gallardón al Gobierno —el sueño de este político se vería matizado por el hecho de ser asignado a la cartera de Justicia, algo que no creo que estuviera en su quiniela— y la llegada de Botella a su despacho iba a provocar una importante remodelación municipal. Sin embargo, dos semanas después, sigue sin amainar el ‘tsunami’ que, de hecho, se ha producido.

La salida del alcalde fue seguida de la de Juan Bravo, que fue nombrado por Gallardón subsecretario de Justicia. El ministro agradecía así la labor del hombre que, tanto en su etapa autonómica como municipal, procuró buscar fórmulas para satisfacer los ambiciosos deseos de Gallardón, aunque ello supusiera dejar no solo a sus herederos políticos, sino también a todos nuestros herederos, una deuda millonaria. Ya lo dijo Botella en su discurso de investidura: “Alberto Ruiz-Gallardón es un hombre que piensa en grande”.

El otro hombre fuerte de Gallardón, Manuel Cobo, el empresario que lo dejó todo para seguirle, que hizo saltar las alarmas cuando atacó duramente a Aguirre, iba a ser secretario de Estado de Justicia, pero la estructura ministerial se movilizó y Cobo vio como se evaporaba tal promesa ya que, como él mismo explicó, su preparación no entroncaba con dicha secretaría. Encontró una salida al ser nombrado coordinador de gestión de Ifema.

Del resto de los concejales que formaban la ‘guardia pretoriana’ de Gallardón tan solo Alicia Moreno y Pilar Martínez ocupaban en los últimos tiempos un puesto relevante en los altares privados del hoy ministro. La primera, por su larga amistad y la importante labor cultural desarrollada —teatros del Canal, en la etapa autonómica: cuartel de Conde Duque y Matadero en la municipal— reconocida por su sucesor; la segunda, por ser la auténtica artífice del proyecto estrella del exalcalde: Madrid Río.

Moreno decidió que, aunque Botella contaba con su continuidad, su labor iba a ser muy difícil sin los apoyos de Gallardón y Bravo, por lo que presentó la dimisión, lo que obligó a Botella a pedir al diplomático Fernando Villalonga, que fue consejero de Educación y Cultura de la Comunidad Valenciana y secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, que rechazara los posibles nombramientos que le podía hacer el Gobierno de Rajoy para ocuparse de la cultura madrileña. Por su parte, la labor de Martínez fue reconocida por el equipo de Rajoy con su nombramiento como directora general de Arquitectura, Vivienda y Suelo.

Del resto de los miembros del equipo de gobierno municipal de Gallardón, Botella eligió a los que consideraba que, a pesar de su valía, habían pasado a tener un papel más gris en la última etapa. El actual vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva, había sido, con Gallardón en la presidencia de la Comunidad, portavoz del Grupo Parlamentario Popular y, con Esperanza Aguirre, viceconsejero de Presidencia. Desde 2004 era delegado del Área de Economía y Participación Ciudadana de Madrid, un puesto que, en los últimos años, a causa de la crisis y una política bastante alejada de la implicación de los ciudadanos, no había podido dar tantos titulares positivos como solía.

Paz González, nombrada por Botella nueva delegada de Urbanismo —y por tanto persona clave en una etapa en la que se quiere redactar el nuevo Plan General de Ordenación Urbana que fijará los criterios sobre el Madrid de 2020—, había recibido de Gallardón el premio de consolación de la presidencia del Pleno cuando sus funciones al frente de Obras y Servicios le fueron transferidas a Ana Botella tras las elecciones de mayo de 2011. El alejamiento de una buena gestora, como demostró al frente de Medio Ambiente y Obras, había sorprendido a propios y extraños.

Otro de los que se vieron afectados por el deseo de Gallardón de dar cada vez más atribuciones a Botella había sido Pedro Calvo, que perdió sus responsabilidades al frente de Movilidad y recibió, a cambio, el “muerto” de la tramitación de licencias. Botella decidió que era la persona adecuada para ocuparse del Área de Economía y Empleo abandonada por Villanueva, lo mismo que sustituyó a Concepción Dancausa al frente de Familia y Asuntos Sociales por la hasta entonces concejala presidenta de Arganzuela, Lola Navarro, para que Dancausa pudiera ocuparse de la gestión de la maltrecha Hacienda. Por último, la alcaldesa decidió dejar su puesto en Medio Ambiente y Movilidad, ampliado con Seguridad, al que había sido coordinador del área, Antonio de Guindos, hermano del actual ministro de Economía.

Si a ello se suma el cese de la directora general de medios de comunicación, Marisa González, mano derecha de Gallardón en temas de prensa, y el pase a las juntas de distrito de Latina y Retiro de los hasta entonces responsables de Coordinación Territorial y Coordinación de Estudios y Relaciones Externas, José Manuel Berzal y Ana Román, se puede afirmar que Ana Botella ha hecho tabla rasa de la cúpula del anterior equipo y ha realizado los cambios sin ruido y sin que parezca que hay censura alguna de lo realizado en la etapa anterior.

Acometido con éxito este primer asalto, y mientras termina de cambiar a una docena de cargos intermedios, Botella parece haber dejado la segunda etapa para marzo cuando el Gobierno de la Nación dé el banderazo de salida y sea preciso prescindir de unos cuantos asesores y responsables de empresas públicas, en aras de un nuevo ajuste presupuestario. Será entonces cuando el nuevo equipo, libre de lastres, acometa la política que Botella desee poner en marcha y podamos saber qué Madrid tiene en la cabeza la nueva alcaldesa de la capital.

Desmoralizados

El pasado 2 de Mayo, las encuestas aparecidas en distintos medios cayeron como una bomba entre los socialistas que habían acudido a la recepción de la Comunidad de Madrid. A las preguntas de los periodistas intentaban responder manteniendo el tipo pero, por lo bajo, expresaban, más que contrariedad, desmoralización.

Las razones son dispares. Para unos era su último acto institucional tras haber saltado de las listas tras su apoyo a Trinidad Jiménez en las primarias; para otros, el tiempo para que los candidatos hagan campaña es insuficiente. Unos aducían motivos sociológicos —la edad de la población de la capital, por ejemplo—; otros reconocían que los gobiernos de Gallardón y Aguirre han sabido vender sus logros y tapar sus carencias, frente a un PSM que se ha mostrado, primero, dividido y, después, incrédulo ante la bondad del resultado.

No faltaban quienes aseguraban que no se ha sabido delimitar la política nacional de la autonómica y municipal —algo bastante usual en un Madrid que confunde todo en su propio perjuicio—, con lo que los fallos del Gobierno de Rodríguez Zapatero, utilizados de forma habitual como argumento por los políticos madrileños para justificar todos los problemas, pasarán más factura en esta comunidad que en otras.

No es extraño que, en estas circunstancias, los responsables de la campaña del PP achaquen los buenos resultados que se pronostican para su partido tanto por el resultado de su buen hacer como por el demérito de sus adversarios. Constantino Mediavilla decía la semana pasada en este mismo periódico que aún había partido. Efectivamente, queda toda una campaña por delante para convencer no a quienes ya tienen decidido su voto, sino a ese 30 por ciento que aún no sabe si votará y, en caso de hacerlo, en qué sentido lo hará.

Pero, desde luego, antes de pedir el voto, los responsables del PSM deberían concentrarse, como los jugadores de un equipo, y mentalizarse de que aún es posible, si no la victoria, sí el descalabro anunciado, porque lo que es seguro es que nunca nadie pone sus esperanzas en un líder desmoralizado.

Y ya van diez greguerías

Consideraban la zarzuela obsoleta pero instalaron la sede del Ayuntamiento en el palacio de Correos, sin saber que éste había sido levantado sobre las ruinas del teatro Felipe donde se estrenó “La Gran Vía”.

La novena

Madrid siempre presumió de su cielo hasta que la contaminación ocultó el famoso agujero al que se asomaban los nostálgicos

Octava greguería

Los espacios de calle delimitados por vallas amarillas son vitrinas en las que se puede ver cómo era la ciudad cuando no había coches.

Más greguerías

A falta de pájaros, los madrileños nos tenemos que conformar con el extraño piar de los semáforos y de los camiones marcha atrás.

Ya hay seis greguerías

Y dijo el asesor municipal: “Ya que el rio no pasará nunca de aprendiz vistámoslo con toga y birrete para que parezca doctor a los ojos del necio”.

La quinta

La “ballena” de la Puerta del Sol se traga cada día a miles de Jonás asustados que huyen de la ciudad de Nínive, donde, como todos saben, ni estudiaban, ni trabajaban y, por supuesto, ni cobraban.

Otra greguería…y van cuatro

Hay que agradecer al Ayuntamiento que sustituya los bolardos de hierro por dientes de granito. Los moratones de las piernas son más naturales.

Tercera greguería

La primera San Silvestre se convocó solo cuando los peatones madrileños informaron de que ya habían adquirido un gran fondo cruzando calles con semáforo.