26 Abril 2012
Cura de humildad
Nos hacía falta. Llevábamos demasiado tiempo hablando de una final de ‘Champions League’ entre Real Madrid y FC Barcelona, jactándonos de que eran los dos mejores equipos del mundo y que no había rival posible que les pudiera eliminar. ¡Zas, en toda la boca! (como diría aquél).

Desde que se sorteó el cuadro de la ‘Champions’, sólo pensábamos en que tanto Real Madrid como Barcelona llegarían a Múnich y hasta se empezaban a hacer vaticinios sobre el resultado y sobre cuál de los dos llegaría mejor al partido. Pero en el fútbol puede pasar de todo. Nos encargamos de vender la piel del oso antes de cazarla, sin contar con grandes equipos como el Chelsea o el Bayern Munich. Ni nos podíamos imaginar una final sin representación española, pero los partidos de fútbol tienen 90 minutos (o a veces 120) y hay que jugarlos hasta que el árbitro da por zanjado el encuentro.
Pecamos de soberbios y nos hemos llevado una gran cura de humildad. Y tenemos que aprender porque, además, el fútbol esta vez ha sido cruel con nosotros. El Barcelona se las veía muy felices cuando se encontraron con un 2-0 y jugando contra diez en el minuto 40; el Camp Nou era una fiesta y en un despiste tonto llegó el gol del Chelsea. Quedaban aún 45 minutos para marcar un gol y llegó la ocasión ideal: penalti… Messi, la estrella por excelencia, coge el balón… y lo estrella en el larguero. Pero el fútbol todavía le tenía otra guardada a los culés, cuando consiguen por fin marcar el gol que el árbitro anula por fuera de juego.
El Barcelona caía eliminado y las risas de los merengues se oían desde la ciudad condal. Pobres… no sabían que el fútbol también les tenía una guardada. Tenían que remontar un 2-1 ante un Bayern motivado por jugar la final en casa pero todo parecía un camino de rosas cuando a los 15 minutos los blancos ya ganaban por 2-0. Para más inri, los dos goles los había marcado Cristiano Ronaldo (y uno de penalti). En el Bernabéu se escuchaban las mofas hacia Messi, que un día antes había fallado su pena máxima, pero aún quedaban 75 minutos de partido.
El Bayern empató y el sufrimiento blanco se alargó hasta la tanda de penaltis. Cristiano, la estrella blanca, tiraba el primero y se estrellaba contra Neuer, Kaká también fallaba el suyo y los alemanes se veían en la final. Pero aún quedaba mucho. Casillas paraba dos tiros y la euforia regresaba al Bernabéu. Ramos tiraba el cuarto penalti y si lo metía igualaba la tanda… pero el sevillano lo mandaba a las nubes.
Al final, esa final tan segura entre españoles la tendrán que jugar Torres y Mata (por el Chelsea) y Mario Gómez (por el Bayern). ¿Aprenderemos para el año que viene? Lo dudo, pero por lo menos el fútbol ya nos ha dado una buena lección.








