La Viridiana de Tetuán
20 Julio 2010Hace unos días conocí a una mujer. Viridiana, creo recordar que se llamaba. Fue por casualidad. En el paseo de la Dirección (Tetuán), vi esto…

… y como ese día llevaba la cámara de fotos me detuve para sacar la instantánea. “¿Te gusta? Es mi casa”, interrumpió una voz. “Sí, es alegre”, le dije. Era la mujer a la que acababa de preguntarle cómo ir adonde me dirigía. Eso bastó para que me contara un poco más sobre ella.
Iba con escoba, recogedor y una plantas guardadas en bolsas de plástico a hacer su barrio más acogedor. Según me contó, hace unos tres años cortaron el único (o uno de los pocos) árboles de su calle. “Eso no se puede hacer y menos sin dar explicaciones”, vino a decir. El ejemplar tenía más de treinta años y en su lugar quedó el tocón.
Ella regó y regó el alcorque hasta que el verde volvió a brotar y ahora se levanta un nuevo ejemplar (algo grande para tener solo tres años, eso sí) en este extraño rincón entre dos calles con un desnivel de varios metros. Ese día, muy caluroso, iba a plantar junto a su árbol unas flores que tenía en casa para ver si crecían bien. Allí la dejé, cuidando su calle y trabajando de alguna forma por los demás, como la protagonista de la famosa película de Buñuel, aunque en este caso no merece la pena buscar un doble sentido.

